El pecado de ser ébano, sangre y marfil.

Si tengo que hablar de una experiencia que marco en mi vida un antes y un después, esa es sin lugar a dudas mi paso por el mar de plástico almeriense. Se trata de un lugar en el que el plástico cubre cualquier porción de tierra en la que quieras descansar la mirada. Sí, es el mar de plástico de la serie de antena tres, pero lo que yo viví allí, la historia de quiénes están debajo de esos invernaderos, trabajando, es muy distinta a la que vemos en dicha serie y quizás, si sigues leyendo, lo único que te apetezca sea apagar la televisión y mirar al mundo que existe ahí fuera y que desconocemos.

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Vista desde las alturas del mar de plástico.

Si, se que la mayoría de personas viajan al sur de vacaciones, a tomar el sol, a disfrutar de las horas de relax en la hamaca y algunos intrépidos, a hacer turismo.

La consecuencia de tener amistades infranqueables con personas que saben vivir su día a día sin temblarles el pulso y siendo siempre fieles a sus principios, tiene como consecuencia el que te arrastren a lugares que jamás creíste que existían y que te muestren una manera diferente y mucho más enriquecedora de vivir unas vacaciones. De esta manera, llegué a Las Norias de Daza y a Bantabá.

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Último día con mis alumnos de español nivel intermedio.           (Verano 2014)

Bantabá es un centro en el que se desarrolla un proyecto de voluntariado con inmigrantes africanos en España. El objetivo de dicho proyecto es el de brindar a la población inmigrante una serie de herramientas para mejorar su integración y día a día en nuestro país. Esa es la teoría, pero en la práctica, Bantabá es un lugar de acogida que atiende las necesidades y lucha por darles una voz a los que no la tienen. Es un lugar de reunión en el que se les escucha, se les animan, se les ofrece un refugio…y la manera de alcanzar dicho propósito en este centro es ofreciendo clases de español (aquí es donde los voluntarios entramos en acción).

Y mi experiencia, quizá la cuenta mejor la Clara de aquel entonces, que escribió esto nada más volver:

“Para empezar, hablaré del final.

40 grados de temperatura, cae la noche en el mar de plástico almeriense entre maletas que indican el fin de nuestra aventura en Las Norias de Daza y me dan una carta de uno de nuestros alumnos de las clases de alfabetización, pero sobre todo, uno de nuestros amigos más cercanos aquí, algo que ha escrito para Bantabá, algo para nosotros.

Es una historia de cómo tras 7 años de espera en España sufriendo la explotación en los invernaderos almerienses y la pérdida de las personas a las que más quería en África y por las que vino a nuestra tierra, se topó con el Centro Bantabá en el que se sintió acogido y querido por todos.

IMG_0526Nos habla entre líneas de la pérdida de sus padres de los que nunca pudo despedirse, de cómo la desesperación llegaba a él conforme pasaban los años y se iba haciendo viejo sin conseguir unos papeles, del miedo a que le parara la policía y le devolvieran a su país habiendo sido en vano todo su trabajo de los últimos 7 años.

Siento su gratitud con cada palabra que leo, todo lo que Bantabá ha significado para él. Nos llama hermanos, amigos, familia, habla de afrontar lo que sea, tras ocho años en España todavía tiene ganas de luchar.

Termino de leer: “Jamás dejaran de estar en mi corazón. Os quiero mucho”. Cierro la maleta con un nudo en la garganta y pienso en que todos y cada uno de ellos, de mis alumnos y compañeros de viaje, tampoco dejarán de estar nunca en mi corazón y que gracias a ellos he aprendido mucho más de lo que jamás podre enseñarles yo en mis clases de español.

Todos pierden la noción del tiempo al llegar aquí porque todos los días son iguales que el anterior. Trabajar, trabajar y trabajar bajo el plástico de los invernaderos por una miseria de sueldo y sin estar asegurados para volver a casa y esperar una llamada de teléfono que les diga si al día siguiente tienen trabajo o no.
Lo único que les saca de esta rutina es la hora y media de clase de español que reciben en el centro Bantabá. Vienen a clase con sus mejores ropas, entran con una sonrisa en la cara a pesar de trabajar de sol a sol, dan las gracias con cada corrección que les haces y para ellos un “lo has hecho muy bien” es el mayor premio a recibir.

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Algunos de los alumnos de español nivel intermedio con los voluntarios (Verano 2013)

Durante las clases los puedes escuchar hablar a una velocidad pasmosa en sus lenguas natales, muchos de ellos de alguna tribu recóndita de África e intentan explicarte entre todos costumbres, bailes, comidas, experiencias…te hablan de sus mujeres y sus hijos a los que no ven desde hace años y de todo lo que tienen que trabajar para poder permitirse viajar a su tierra y visitarlos (sólo los que tienen papeles y pueden hacerlo).

Jamás se me olvidará la cara de nostalgia de todos y cada uno de ellos al hablar de su tierra, de la riqueza que en ella abunda y de las ganas que tienen de cumplir su cometido aquí y regresar.

Si estás leyendo esto, sólo te pido una cosa. Que no vuelvas la cara al ver a uno de ellos esperando en una estación, durmiendo en la calle o vendiendo gafas y gorros en las fiestas de cualquier pueblo.

No son perros, no son sombras, no son muñecos a los que manejar para reírte con tus amigos mientras regateas en cualquier chiringuito. Son personas que están intentando salir de la miseria de la manera más digna que encuentran. Son personas que te tratan con respeto si tú lo haces y que te abren las puertas de su casa y de su vida cuando les regalas interés y atención.

Una sonrisa, un gesto, una mirada o un simple saludo significa tanto y cuesta tan poco,…eres TÚ y solo TÚ el que escoge volver la cara y mirar a otro lado o involucrarte. Aquí necesitan nuestra ayuda, la de todos los que sientan la llamada de que hay cosas que cambiar, de que el trato que están recibiendo no es justo.

Hay muchas más cosas que aprender de ellos de las que podemos enseñarles nosotros y si abres bien los ojos del corazón y das indiscriminadamente lo mejor de ti, recibirás el doble.”

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Sangre. ébano y marfil,… ¿Qué pecado puede haber en esos ojos?
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