Miami, Florida (Día 1)

Hace una semana puse rumbo a uno de los destinos turísticos de sol y playa por excelencia, un paraíso tropical, una meca cosmopolita que atrae a personas de todo el mundo que desean vivir en esta ciudad llena de vida y frenesí. Sí, estoy hablando de Miami Beach.

Gracias a que durante seis meses me dediqué diariamente a publicitar a Vogue Eye Wear en mis redes sociales, me convertí en la ganadora de un viaje a Miami para cuatro personas con todos los gastos pagados. Por fin, puedo mostrar el resultado de dicha aventura en Estados Unidos con los que decidí que fueran mis acompañantes: mi hermano Alberto y mis primas Esther y Pilar.

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Pilar, Esther y Alberto en Venetian Pool

Miami es muy diferente al resto de las ciudades de Estados unidos, tal vez debido a su privilegiada situación geográfica que ofrece un clima cálido durante todo el año. Esto la convierte en uno de los destinos más solicitados tanto por los turistas que quieren conocer la zona como por  aquellas personas que desean residir en ella. Incluso los famosos de todo el mundo buscan un hueco en Miami, algo tendrá. Playas de arena blanca, una temperatura media de 24 grados, aguas de color azul cristalina,…

Tras un viaje a Madrid en ave y un vuelo a todo lujo, aterrizamos en Miami el lunes 23 de Noviembre por la noche. Massimo Viviani, (el que fue nuestro chofer, guía, pero sobre todo amigo allí en Miami) nos estaba esperando en el aeropuerto con su súper camiseta rosa de vogue para llevarnos a la mansión en la que nos alojaríamos el resto de la semana. Tras flipar con cada rincón de la casa y unas horas de sueño (las que nos permitió el jet lag), nos pusimos en marcha para disfrutar de nuestro primer día en la ciudad.

Amanecimos y conocimos a Leonela, una joven venezolana que todos los días nos preparaba un desayuno increíble.

Durante la mañana, realizamos un tour en coche con Massimo en el que nos contó y enseñó toda la historia de Miami y todas las características de cada una de sus zonas.

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Recorrimos Ocean Drive, la calle más famosa y animada de la ciudad, la viva imagen del Miami que todo el mundo se imagina con gente patinando y pubs llenos de luces de colores. También atravesamos el distrito Art Decó, casi 1.000 edificios de estilo Art Decó que nos teletransportaron al mundo de Barbie Malibú.

Para terminar la visita, recorrimos Coral Gables, enormes mansiones rodeadas por jardines cuidados al milímetro, donde visitamos Venetian Pool, una piscina histórica al más puro estilo veneciano y Coconut Grove, un barrio lleno de restaurantes, tiendas, terrazas y galerías de arte.

Creo que ninguno de nosotros habíamos visto nunca unos rascacielos tan enormes, ni unos cambios tan radicales entre una zona rica y otra pobre.

Aprendimos que “long long time ago” Miami fue una selva. ¿Os lo podéis imaginar? Desde luego que yo hasta que no lo vi con mis propios ojos no pude. Por esto, cuando paseas por la zona del extrarradio de la ciudad, sientes como la naturaleza se revela y se entrelaza con las edificaciones para reconquistar lo que en su día fue suyo. Creo que esto fue lo que más me impactó de Miami, cómo los seres humanos podemos aniquilar sin piedad alguna un paraíso natural para sembrar en cambio kilómetros de asfalto a lo ancho, largo y alto.

Como podréis ir leyendo en las próximas entradas sobre mi viaje a Miami, si algo hemos hecho en este viaje ha sido comer y probar nuevos sabores a diario. El primer día, fue el turno de Cuba. Nos desplazamos a la Pequeña Habana, una zona de Miami conquistada por artesanos de puros, aroma de café y restaurantes cubanos y tuvimos el placer de comer en el restaurante cubano más famoso del mundo: Versailles. Un lugar en el que comer hasta explotar, escuchar a los cubanos hablar sobre la política de su país en la barra y observar como siempre, sea el día que sea, está lleno hasta reventar. Como podréis ver en las fotos, sobran las palabras para definir el banquete que nos metimos entre pecho y espalda.

Durante la tarde, visitamos la famosa tienda de puros cubanos “Bello”, escuchamos música en vivo por las calles, y nos quedamos fascinados en Domino Park, donde un cubano espontaneo apareció de la nada y nos explicó la historia de dicho parque, donde los cubanos jubilados se juntan para jugar al dominó.

Para terminar el día, cenamos en Rosinella, un restaurante italiano homenaje a la madre del propietario en Lincoln Road al más puro estilo “Massimo Viviani” donde comenzamos a descubrir que el servicio en Miami, no tiene nada que ver con el que estamos acostumbrados en España. Los camareros allí pueden quedarse más de quince minutos hablando contigo preguntándote cosas o contándote otras. Quizás haya gente a la que esto le moleste, y entre nosotros comentábamos que en España un acto así puede costarte el despido, pero a mí me pareció genial poder compartir información, experiencias y sensaciones con prácticamente todos los camareros que nos atendieron durante el viaje.

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Cena en el restaurante “Rosinella”

Nos fuimos a dormir pronto cansados pero con la sensación de que nos esperaba una semana increíble por delante y desde luego que así fue.

 

~Pincha aquí para ver el vídeo completo de mi viaje a Florida.

 

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2 thoughts on “Miami, Florida (Día 1)

    1. ¡Muchas gracias tía! La idea es esa, compartir mi viaje a la vez que tenerlo guardado para mi recuerdo. Con el paso del tiempo se pierden nombres, detalles y cosas que estando escritas puedes volver a releer y recordar siempre que quieras 🙂

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