“El valor para marcharse, el miedo a llegar”

Creo que no hay un lugar que concentre tantas emociones contrapuestas en personas distintas o en una misma, como las que se respiran en un aeropuerto.

“El valor para marcharse, el miedo a llegar”, como escuchamos de la voz de Vetusta Morla, es una de ellas. Una de esas sensaciones a las que me he enfrentado desde hace años en bastantes ocasiones y que todavía consigue ponerme la piel de gallina al recordarla y no tenerla del todo dominada al ponerme frente a ella de nuevo.

No es lo mismo tomar un avión con fecha de vuelta que hacerlo cuando no sabes muy bien cuando será la próxima vez que regreses y sientas cerca físicamente a los tuyos.

Estoy enamorada de los aeropuertos por este motivo, porque nos activan por dentro, nos hacen enfrentarnos a nuestros miedos y nos ponen al límite de nuestras emociones. Ellos son el último escalón que subir a la hora de tomar decisiones importantes como renunciar a tu tierra por trabajo, hacerlo por amor o por perseguir sueños viajeros.

Pasaría horas allí, observando cómo el mundo se quita la armadura de sus sentimientos y lloran por alegría o por pena, gritan, corren, se despiden entre lágrimas o se reencuentran entre abrazos.

Los regresos son mi parte favorita. Los ojos empañados, los abrazos fuertes, las sonrisas verdaderas, los suspiros de “por fin”, los primeros intercambios de miradas…y es que soy de esas a las que los clásicos especiales de “vuelve a casa por navidad” en los que la televisión se desplaza al aeropuerto para presenciar los reencuentros, se me atragantan más que los polvorones.

Y aquí estoy yo, contando las horas que faltan para volver a verme arrastrando una maleta por uno de esos pasillos y sentir que el mundo a mi alrededor también palpita, siente y se emociona.

 

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5 thoughts on ““El valor para marcharse, el miedo a llegar”

  1. Pues yo hacia los aeropuertos siento más que nada miedo. Soy de las que he llorado de emoción, de pena, he esperado con pancartas, me he sentido súper pequeña… pero la idea de coger un avión sieeempre me atemoriza. Aún así te doy la razón, no hay lugar con más intensidad que los aeropuertos! Y tú, dónde te nos vas?! 🙂

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. Son fríos si quitas a las personas revoloteando por ellos. Con esos pasillos enormes y llenos de nada. Esa frase de “Tenía tantas ganas como miedo” de Bailame el agua define bien el cómo me siento en ellos 😉 De momento sigo en mi Moncayo Judith y todos los viajes que tengo previstos llevan el regreso implícito en ellos 😉

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