El alpinista de los sueños

Aunque llueve y la niebla envuelve todo, sigue habiendo luz en algún lugar y los rincones de París que tanto echo de menos siguen girando colgados del techo.

Hoy se cumplen siete años de la muerte de Antonio Vega y sin embargo, el sitio de mi recreo sigue siendo el mismo, cada vez tengo más claro que jamás cambiara.

De él aprendí eso de que “poco o nada cuesta ser uno más” y desde entonces, sonrío como siempre y lloro un poco menos, he dejado a personas atrás y a otras delante, sigo coleccionando recuerdos y he abandonado mi caja de cosas insignificantes que antes creía con significado. 

Ya no tengo ganas de echar la vista atrás, pero sí de hacer que este mes pase muy rápido, que sea como un pestañeo y, al abrir los ojos, encontrarme con el verano doblando la esquina.

Los meses de las estrellas fugaces siempre vienen ligados a una punzada de desequilibrio, a redescubrí la magia de no dormir y a dejar de echar de menos.

Ya no siento frio y comienzo a escuchar a lo lejos el sonido de ese tren que me dice “lo cerca que ando de entrar en un mundo descomunal donde nadie oye mi voz”.

 

 

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5 thoughts on “El alpinista de los sueños

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