Alba gu bràth o Escocia para siempre

El mero hecho de pensar que escribo para despedirme consigue que se forme un nudo en mi garganta que se desliza lentamente hasta la boca de mi estómago y termina por empañarme los ojos.

Nunca ha sido fácil para mí decir adiós, pero despedirme de un lugar donde he sido tan feliz y que ha significado tanto para mí, consigue partirme en dos en menos de un instante.

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Vista desde la necrópolis de Glasgow

Este año me ha dejado con la misma sensación con la que te despiertas a mitad de un sueño en el que te quedarías para siempre e intentas cerrar los ojos para volver a dormirte y seguir disfrutando de él, pero entonces te das cuenta de que ya se ha terminado, de que ha sido increíble pero toca abrir los ojos a tu realidad.

Gracias a mi tiempo aquí he aprendido que trabajar duro tiene sus recompensas, que el idioma no es una barrera si se tienen abiertos los ojos del corazón, que las personas pueden ser maravillosas si tú lo eres con ellas pero que también pueden ser horribles y hay que saber alejarse y no tomarse las cosas como algo personal, que los lugares no son más que meros escenarios en tu vida, que la distancia nos enseña a diferenciar quien tenemos más cerca, que adoro mi trabajo y que nada me hace más feliz que enseñar y aprender.

Collage alumnos Escocia
Algunos de mis alumnos 🙂

He aprendido tantísimo tanto a nivel personal como profesional que parece que fue otra persona la que hace nueve meses aterrizaba en esta tierra salvaje sin saber que a día de hoy parte de mí se quedará aquí para siempre y parte de esta tierra estará siempre conmigo gritándome desde el tobillo: “You can take the lassie out of Scotland but ye cannae take Scotland out the lassie.”

Es imposible vivir en Escocia y no querer formar parte de esta tierra y su cultura. Hogar de guerreros, de nómadas, de celtas, de tradición y costumbres, de personas que nunca han dejado de luchar por su tierra y que con orgullo te hablan de rincones inhóspitos en las tierras altas, cuevas ocultas en las islas, ceremonias paganas en las playas…¿Cómo no me voy a enamorar?

Cómo no voy a hacerlo si al caminar por las calles todavía me sorprende a diario el sonido de una gaita, si los hombres pasean con falda y lucen sus trajes tradicionales siempre que pueden con orgullo, si en los pubs bailar y tocar música celta a la sombra de un whisky de verdad está a la orden del día y si en el tren puedes mantener conversaciones con personas desconocidas como si te conocieran muy bien.

Arran (83)
Glen Rosa

Jamás podré olvidar los amaneceres en la isla de Skye, la sonrisa de Catherine al abrirme la puerta del colegio los martes por la mañana, la sensación de humedad al correr por los canales y el jardín botánico de Glasgow, los atardeceres desde la ventana de mi salón, el cariño de Julia 24 horas al día, las tardes y noches que pasábamos en The Lane jugando a adivinar películas con Lea y Francois, la brisa desde lo más alto de la necrópolis, las conversaciones eternas con María en el sofá comiendo noodles, el grito de libertad que escuchas a cada paso que das en el valle de Glencoe, las miradas de curiosidad y admiración de mis alumnos cada vez que me saltaba el “protocolo de maestra”, las sesiones de folk en The Dram los domingos por la noche, las horas y horas cantando junto a Iván Disney o lo que sea, la isla de Arran y todo lo que allí aprendí gracias a Alan y a estar abierta a conocer nuevas personas, los días de escalada con Eric hasta dejar de sentir los brazos y sus abrazos de verdad, la sensación al caminar por los inmensos prados de hierba húmeda y mullida, los viajes a cualquier lugar pero siempre junto a Javi y Maria, el fuego y la sensación de libertad en nuestra bothy, la mirada de Gaby cuando te dice todo sin decir ni una palabra, nuestro viaje en furgo por toda Escocia en el que descubrimos que éramos el tándem perfecto, las conversaciones de verdad con Andrés diciéndolo todo sin decir nada y por supuesto a Javi, mi Javi, porque me vine a Escocia teniendo un hermano y ahora tengo dos.

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Gracias Escocia por este regalo que le has hecho a mi vida, por este respiro y esta anestesia para el alma. Gracias por toda la gente que ocupa tu tierra y lucha por ti y gracias también por haberme enseñado el camino hacia un nuevo comienzo.

Como dijo Benjamin Franklin, «Si no hubiese conexiones tan fuertes que me conectaran a otro lado, creo que Escocia sería el país que elegiría para pasar el resto de mis días».

Alba gu bràth!

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6 thoughts on “Alba gu bràth o Escocia para siempre

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