Ruta Amstel Oro

Mi último arrebato de suerte me llevo de viaje desde Bilbao hasta Valencia (pasando por Navarra, Barcelona y el Delta del Ebro) puesto que fui una de las ganadoras de la extraordinaria Ruta Amstel Oro.

Guiada por Mikel Iturriaga (El comidista) junto con mi compañeros premiados Carmina y Abel (los poco followers), los influencers en redes sociales: Marta (DeliciousMartha), Tere (Lasmariacocinillas), MJ (LasrecetasdeMJ) y Raúl (EatMad), Isa (publicista de Amstel Oro), los espectaculares cámaras: Dolors (un todoterreno de mujer) y Peter (el hombre hiperactivo a una cámara pegado) y nuestro súper chofer: Yuri, formamos el equipo de los doce fantásticos comilones que durante cinco días recorrimos una parte de España en busca del maridaje perfecto para la cerveza Amstel Oro.

ruta_ilustracion


 

Día 1. B I L B A O

Comenzamos nuestra aventura gastronómica disfrutando de un pintxo en el Museo Guggenheeim para más tarde, perdernos entre los foodtrucks a la orilla del río en el BilbOro. Tras intentar huir de la cata de ostras (con éxito) y del salmorejo (sin éxito) en “Dando la brasa” visitamos la foodtruck “La olla en verso” donde probamos la olla gitana, los boquerones sobre polenta, la lengua de ternera y las increíbles croquetas de morteruelo.

Dejamos atrás el streetfood MArket para sumergirnos en el casco antiguo de Bilbao y flipar en el restaurante Los fueros, donde probamos recetas de lo más estrambóticas para tomar un café como el txacolimisu, mezcla de tiramisú con el típico txacoli vasco, o el foielimotxo, mezcla de foie y gelatina de calimotxo.

Antes de poner rumbo Donosti, visitamos la tienda de Gregorio Martin, una tienda de bacalao abierta desde el 16 de abril de 1931 y la heladería “Gelati gelati” donde se pueden encontrar helados con curiosos sabores como jamón o espárragos.

Tras el viaje en autobús hasta el cantábrico, nos fuimos de pintxos en el casco viejo de Donosti, donde probamos las Gildas (ejem ejem, yo me abstuve), ensaladilla rusa, pintxos de atún o txangurro en “La bodeguita donostirra” y “La pantxineta”.

 


 

Dia 2. D O N O S T I

Amanecer en lo más alto del monte Igueldo fue como amanecer en el limbo. Unas vistas espectaculares de San Sebastián y un desayuno que tras la cristalera y mirando al mar, para una que es de secano y come con los ojos ¿qué queréis que os diga? Pues que sabe mucho mejor.

Pasamos la mañana en el Basque Culinary Center. Si, habéis leído bien. Y si, es un auténtico paraíso para aquellos que aman la gastronomía.

Allí realizamos una cata sensorial de Amstel en la que descubrimos a través del tacto (quinoa), el olfato (mantequilla), el gusto (Cecina) y el oído (Struck in the middle with you – Stealers Wheel) como armonizar (o maridar) una Amstel, y conocimos cada recoveco de dicho lugar donde recibe clase la futura elite gastronómica nacional.

Allí tuvimos el placer de conocer al gran Martin Berasategui, al que puedo deciros que sus ocho estrellas Michelin no se le han subido a la cabeza y que nos dio una lección de humildad.

Dejamos atrás el “edificio de los platos apilados” para, de nuevo, disfrutar de los pintxos donostiarras en “La Cuchara de San Telmo” donde nos hicieron los ojos chiribitas con su carrillera de ternera al vino tinto con cremoso de apionabo y terminar en “The Loaf” una cafetería donde disfrutar de cremosos pasteles con el ruido de mar como telón de fondo.

Dicen que hay lugares que nos acercan a personas, y yo no podía despedirme de Donosti sin volver a darle un abrazo inmenso a la persona que forma parte de esta ciudad de la costa y con la que compartí una de las experiencias más importantes de mi vida: mi Elena y mi erasmus (tenía que nombrarla, no es comestible pero es especial jajajaja)

Volviendo a la carretera y a la ruta, por la tarde nos marchamos a Lekunberri, donde visitamos la ganadería “Maskarada” y descubrimos el Pio Negro vasco, una raza de cerdo de lo más característica criada en libertad en los montes entre Pamplona y San Sebastián, que más tarde pudimos degustar en forma de once platos distintos elaborados de una manera exquisita y que nos hizo a todos los comensales arrastrar y comentar el recuerdo de dicha cena durante el resto de la ruta. Terminamos la jornada en Pamplona, donde intentamos ordenar en sueños todas las experiencias culinarias que habíamos experimentado dicho día.


 

Dia 3. SAN ADRIÁN

Hablar de tradición, de raíces y de bien hacer es hablar de “El Navarrico”. Tras más de cincuenta años elaborando conservas vegetales de manera artesanal y garantizando un producto exclusivo, ”El Navarrico” nos abrió las puertas de su casa (literalmente) para acercarnos a su producto estrella: el esparrago.

Allí conocimos el proceso de elaboración y enlatado de cada uno de sus productos, para más tarde, degustarlos en el txoco de Pachi (la persona que está al frente de la empresa) que nos explicó con toda la pasión y el orgullo, de aquel que es la tercera generación al mando en la empresa, cómo de una humilde casa en la que se elaboraban las típicas conservas navarras, pasaron a convertirse en una de las empresas de su tierra que no ha parado de crecer porque, como se puede leer en sus latas, “En nuestra tierra se puede mirar al cielo de muchas maneras” y ellos lo hicieron y siguen haciéndolo.

Tras un eterno viaje en bus contemplando la nuca de Mikel y hablando y hablando sin parar (como a mí me gusta) con súper Peter, compañero de viajes y de muchos proyectos, ideas y planos, llegamos al hotel “H10 Art Gallery” de Barcelona, donde disfrute como una enana recorriendo los diferentes pisos ambientados en artistas como Andy Warhol, Joan Miró o Henri Matisse y durmiendo en mi súper habitación de cuadro, en este caso, de Roy Lichtenstein.


 

Dia 4. B A R C E L O N A / DELTA DEL EBRO

Tras el amanecer y un paseo por la Boquería y el puerto de la ciudad condal con Carmina y Abel, nos unimos al resto del grupo para visitar dos pequeños y muy grandes al mismo tiempo proyectos gastronómicos.

“Entre latas” es una tienda localizada en la Calle Parlament donde podemos encontrar cientos de latas de conservas que nos atrapan por su llamativo packaging y su delicioso contenido. Además, su creativa dueña, se encarga de que su tienda tenga vida más allá de la compra y venta y en el interior, se puede disfrutar de diferentes peculiares exposiciones.

Tras hacernos con unas cuantas latas para almorzar, nos fuimos en busca del pan que lo acompañara, y teniendo a Mikel Iturriaga como guía, no iba a ser cualquier pan, así que nos desplazamos en el “YURImovil” hasta una panadería localizada enfrente del Hospital Clinic llamada “Cloud Street Bakery”, donde Donatiuh Cortés, un músico mexicano que tras realizar un curso de formación con Iban Yarza se convirtió en un amante del mundo del pan, cada mañana prende mecha a la leña que da vida al horno de su panadería (el más antiguo de la ciudad de Barcelona) y lucha con él y contra él para sacar al mercado un producto que nos permite viajar en el tiempo y degustar un pan que sabe a pan (si señores, a día de hoy eso no es tan fácil).

Dejamos atrás al entrañable Donatiuh, que nos dio una increíble lección de pasión por su trabajo y amor por lo que hace, para acercarnos hasta “Mostassa” y disfrutar de un menú vegetariano que nos permitió hacer una tregua con nuestro estómago por un rato. Y digo por un rato porque unas horas después, tras haber viajado durante dos horas hasta el Delta del Ebro, disfrutamos de una cena con productos locales en el Restaurante Navía, donde degustamos mejillones, almejas, boquerones en vinagre y un delicioso suquet de rape.

Esa noche la pasamos en “Tancat de Codorniu”, en Casas de Alcanar, un pequeño hotel boutique a la orilla del mar donde algunos durmieron y a otros (u otras, mejor dicho) la bañera con hidromasaje, la sauna y los cerdos vietnamitas que tienen por mascotas en el jardín y que confundimos con jabalís, nos quitaron el sueño.


 

Dia 5. V A L E N C I A

Nuestro último destino de ruta fue Valencia. Comenzamos la jornada haciendo honor a la cultura del almuerzo que están intentando revitalizar allí tomando el típico esmorzaret valenciano (o un bocata con una cerveza), en “El trocito de en medio”, al lado del Mercat Central. Allí degustamos bocatas de caballo, de lomo con patatas y ajoaceite y de calamares.

Tras semejante festín mañanero, paseamos por los puestos del mercado central valenciano probando algunos de los productos locales antes de llegar al cenit de nuestra experiencia culinaria. Como no podía ser de otra manera, a orillas de la playa de la Malvarrosa disfrutamos de una auténtica paella valenciana en “Casa Carmela”, donde pudimos entrar en cocina y ver su elaboración. Caracoles, bachoquetas, conejo… menudo subidón de sabores y menudo bajadón cuando me toco terminar nuestra paella y despedirme de todos mis compañeros de viaje.


 

Lo que comenzó como una aventura en soledad entre personas desconocidas, termino siendo una experiencia culinaria y personal de lo más enriquecedora y dándome otra lección, y es que las personas están hechas para congeniar, somos como piezas de puzles que si nos entregamos, nos dejamos conocer y abrimos los ojos dejando atrás nuestras “verdades universales” y diferencias, terminamos encajando, disfrutando, aprendiendo e intercambiando ideas y valores.

Así que si señores, probamos sabores tradicionales, mezclas imposibles, productos que jamás nos hubiéramos atrevido a probar o recetas de siglos de longevidad a lo largo y ancho de España, y descubrimos que el mejor maridaje para una Amstel Oro no está recogido en ningún producto solido ni líquido, está en la actitud de aquellos con quien la compartes.

Gracias Mikel, Carmina, Abel, Marta, Tere, MJ, Raúl, Isa, Dolors, Peter y Yuri por ser el maridaje perfecto de todas las Amstels que compartimos.

 

 

 

 

 

 

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8 thoughts on “Ruta Amstel Oro

  1. Vale, si la intención era hacernos morir de envidia lo has conseguido Clara! Vaya pasada de ruta, de sabores y vaya hambre me has hecho venir! Me alegro de que gozarás de tal aventura y que nos transmitas un poco de esta aventura! Que afortunado tu paladar 😂😂😂 un súper abrazo!!!

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    1. Jajaja yo aún no he digerido todo por completo…ni en el estómago ni en la cabeza. Lo cierto es que escribirlo me ha ayudado a poner en orden semejante cúmulo de sabores, destinos y sensaciones 😊. Un abrazo fuerte señorita! Y a disfrutar de esas vacaciones que se que tienes 😉

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